A veces la mierda cae del cielo

Esto que lees es verídico. Cuando las cosas van reguleras a mi alrededor, me cagan palomas
encima.
Habitualmente en el pelo, aunque hace nada -ayer- me cagaron en el puente del pie
(llevaba sandalias), y una segunda paloma en el antebrazo.

Estaba en ese momento con una amiga al teléfono, se lo conté, y se partió de risa conmigo a la
vez que decía: “Dios, si, no puede ser; te pasa desde el instituto”. Y así es.

Te estarás preguntando por qué tu psicóloga te cuenta esta historieta (si tengo la suerte de que
me conoces ya), o en el peor de los casos, te estarás preguntando qué haces leyendo el blog de
una psicóloga random en el que escribe sobre mierdas de pájaro caídas del cielo. Te intento
responder. Te lo cuento, primero, porque me gusta contar cosas; y segundo, porque lo que es
una anécdota graciosa en mi caso, también es una metáfora de lo que viene a ser la vida.


Supongo que las palomas me cagan porque estoy mucho al aire libre, tengo el pelo rizado (¿y
se parece a un nido? de palomas? maybe), y porque mis feromonas matchean con palomos
cachondos. Suena muy científico… ¿verdad? Sinceramente no tengo ni idea de por qué me
cagan, ni es importante ahora mismo.

Lo que sí que es importante es CUÁNDO me cagan las palomas. Me remito a la primera frase de
esta entrada. Cuando estoy triste, o pasan desgracias a mi alrededor me convierto en WC
paloma. ¿Es esto cierto? Sí. ¿Me han hecho caca más veces? También. ¿He escrito un artículo
sobre ello antes? No. ¿Por qué? Porque aún no tenía el blog :”) (y por más cosas).

Me resulta difícil responder este por qué. Llevo todo el puente dándole vueltas al tema. Son
varias las reflexiones que me vienen a la cabeza al hilo del asunto:

– A veces las cosas pasan porque sí, y punto. Date cuenta de, cómo en cuestión de
segundos, he podido divagar sobre la casuística de las cagadas. Sin realmente conocer
el motivo de las mismas (y probablemente jamás lo sepa). Fíjate también en cómo me
atribuía responsabilidad en cada una de las divagaciones. Ojo, a cómo se activa el
control cuando nos topamos con la incertidumbre.
Y ojo, a cuántas veces sin darte
cuenta, tú también habrás caído en este tipo de pensamientos, como consecuencia de
otro tipo de sucesos (¡espero! Si no, welcome to paloma club). A veces la mierda cae
del cielo, sin más.
Perderse en buscar porqués cuando no tenemos respuestas puede
ser infinito, pocas veces resolutivo, y la mayoría de veces desgastante. ¿Qué tal suena
el aprender a soltar el control y a tolerar un poquito mejor la incertidumbre?


– Que me cague un pájaro cuando estoy preocupada, o triste por otras cosas;
simbólicamente tiene la misma carga emocional
de las cosas que estoy transitando.
Por tanto, mi cerebro va a establecer conexiones entre los sucesos de manera
automática, y esto va a repercutir en la historia que yo me cuento a mi misma
“cuando las cosas van reguleras me cagan palomas”.
Ha habido veces que he estado
bien bajita de ánimo y/o fastidiada y no se cagó ninguna paloma, y ha habido veces
que todo estaba okay y me han cagado igual. Me llevo este ejemplo a la vida cotidiana,
mucho cuidado con esto porque las asociaciones automáticas nos pueden jugar muy
malas pasadas. Imagínate que entrara en bucle con el pensamiento de que las cacas
de paloma son mal augurio
(en mi caso y en esta historia que te estoy contando).
Probablemente empezaría a hacer cosas para evitar que me cagaran (para evitar que
me pasaran cosas malas), o asumiría de inmediato que algo malo va a pasar si alguna
me cagara. Podría ser el principio de un TOC posterior. Si alguna vez te pasa que crees
que los acontecimientos te hacen daño te ocurren como causa-efecto de unos con los otros, analízalos por separado. Recuerda el primer punto, muchas veces te ocurrirán
cosas porque así tenía que pasar, no siempre todo se rige por reglas.

– ¡¡¡Es una señal del universo!!! Si has visto la última temporada de Sex Education,
sabrás de qué te hablo. A veces, el que me cagaran palomas, me servía para poder
hablar de lo que me ocurría
con las personas de mi alrededor. Esto tiene que ver con
lo que te decía en el punto anterior sobre la carga emocional similar. La caca era la gota
que colmaba el vaso (llenito ya de cosas que hacen pupa), y simplemente, era el
detonante que me llevaba a aceptar las otras cosas que estaban pasando. Con esto te
quiero decir, que las señales divinas pueden existir, no entro en debate con esto; aún
así, no las necesitas para darte cuenta de lo que ocurre en tu vida. Comunícate con
los demás siempre que lo necesites, y dale importancia a tus emociones, sean las que
sean.

Espero que leerme te haya ayudado. A mí escribirte, la verdad, mucho. La próxima caca de
paloma la voy a vivir de manera distinta. Y eso es guay.