Uufff ¡Qué pereza!

De esta tarde no pasa que me acerco al gym. La semana que viene saco un taller. Mañana sí o sí quito el polvo. A ver si termino de poner masilla en el agujero de la pared. A ver si enmarco y cuelgo la lámina que me compré en el Thyssen la semana pasada. A ver si llamo al dentista para coger cita. Ya si eso te digo algo (cuando no voy a decirte nada). A ver si investigo la nueva tarifa de autónoma y hablo con mi gestora. Me gustaría aprender a tocar la guitarra, pero uuuff… ¡se me da fatal!

Un día en sesión: “Didi, ¿por qué procrastinamos? ¿Hay alguna explicación?”. La verdad que muchas. Escribir sobre procrastinación me parece gracioso, la practico desde los catorce años. “Curiosamente” cuando el instituto empezó a ser intensito. Durante mucho tiempo no sabía ponerle nombre y apellidos a mi “vagancia”, ni le di mucha más vuelta. Sin embargo, ahora puedo contar alguna cosita sobre esta palabreja que creo que puede servirte de ayuda: si te apetece entender mejor que puede estar pasando si procrastinas, ¡sigue leyendo!

  • Probablemente tienes poca conexión con tus necesidades reales: ¿cuántas veces a pesar de que sabes que NO QUIERES hacer algo te has forzado a hacerlo? ¿cuántas veces te han metido en la cabeza que hay que esforzarse y responsabilizarse? Muchas y muchas, ¿verdad? Y déjame preguntarte ahora… ¿cuántas veces te han dicho que esforzarte es importante siempre y cuando sea en algo que tenga sentido para ti? Adivino sobre esta última: pocas, o ninguna. No sabes lo triste que me pone esto, y la de veces que lo escucho. Ser responsable puede ser algo que nos defina, o que sea un valor con el que nos identifiquemos; aún así no es incompatible con ser feliz. Quiero que sepas que cada vez que haces algo forzando la máquina, aunque sea un poco, estás haciendo un esfuerzo emocional. Cuando nos esforzamos, nos cansamos, y si nos cansamos, sentimos pereza y dejamos las cosas para luego; no hay más. Si en algún momento te descubres procrastinando, pregúntate si realmente quieres hacer lo que estás dejando en segundo plano; y también, si quieres hacerlo en el momento en el que te planteas. Escúchate. Quizá puedes permitirte hacer lo que te pide el cuerpo realmente, y después ponerte de nuevo con tu proyecto. PD: En otro momento quiero escribir sobre los pecados capitales (si no me puede la procrastinación, jeje) porque a nivel psicológico tienen mucha chicha. Hoy sólo me he entretenido con uno de ellos, la pereza. Espero que la próxima vez que la sientas te acuerdes de mí, y que te plantees si es casualidad que la estés sintiendo en ese momento.

  • Quizá desconfías de tus habilidades. Es habitual que pospongamos cosas cuyo resultado nos apetece mucho, pero el proceso previo nos abrume por diferentes motivos. Aquí se crea un conflicto interno en el que por un lado queremos hacer una cosa, pero por el otro no. Y el problema viene cuando tenemos dificultades para identificar la parte del proceso que no nos apetece. Entramos en una dinámica en la que nos contamos que queremos hacer algo, pero no tenemos en cuenta cómo nos sentimos a la hora de ponernos en marcha. Como no verbalizamos la parte que nos echa para atrás, no podemos afrontarla ni resolverla. Es importante que puedas pararte a reflexionar sobre cómo puede ser que no te sientas del todo bien al hacer algo que se supone que quieres. ¿Qué es eso que te frena? ¿Hay algo que te asusta? ¿Hay algo que necesitas para ponerte en marcha que no tengas? ¿O que no sepas cómo conseguirlo? ¿Hay algo que consigues mientras procrastinas que en el fondo te venga bien? (aunque quieras dejar de procrastinar). Hazte cargo de las respuestas que te vengan a la mente al leer estas preguntas. Es sobre lo que necesitas trabajar antes que ponerte manos a la obra. Muchas veces no confiamos en nuestros propios recursos para afrontar retos, y lo que hacemos es intentar evitar situaciones en las que vamos a sentir inseguridad. El miedo a reconocer nuestras propias limitaciones y/o el miedo al fracaso se convierten en nuestros peores enemigos porque son los que nos llevan a ni siquiera intentarlo.

  • A lo mejor estás reforzando tu autoestima sin ser consciente de ello. Ya te adelanto que esto es un temazo. Tiene que ver con parte de lo que te comentaba en el punto anterior. Si evitamos situaciones en las que sentimos inseguridad, estamos haciendo también el proceso inverso: ganar seguridad no exponiéndonos, y por tanto cayendo de pie porque nos quedamos en nuestra zona de confort.La autoestima tiene mucho que ver con la confianza y seguridad que tenemos en nuestras habilidades y con el nivel de aceptación de nuestras flaquezas. Si manipulamos los escenarios en los que nos movemos de forma en la que haya muchas experiencias en las que sentimos satisfacción y/o tranquilidad, y pocas situaciones en las que sentimos fragilidad o poca competencia en algo (estamos evitando estar en contacto con nuestras flaquezas); evidentemente nuestra propia concepción está adulterada, y probablemente sea más deseable de lo que sería si no acotásemos las situaciones a las que nos enfrentamos. Esto es todo un temazo como te decía, y de aquí se derivan muchos temas que se trabajan en terapia. Iré contándote más cosas en otros posts. Aún así, quiero decirte que haciendo esto, en realidad lo que estás haciendo es tener una falsa sensación de seguridad basada en el control, pero no es una seguridad real. No confías en ti lo suficiente en la adversidad como para permitirte adentrarte en ella.